La Talacha

Francisco Cuéllar Cardona

De la hazaña al desafuero

La noche del 6 de junio del 2016, Francisco García Cabeza de Vaca pasó a la historia como el hombre que sacó del poder al PRI de Tamaulipas, luego de 86 años. Fue una victoria aplastante: 721 mil 029 votos, que cayeron encima de la soberbia priísta, encarnada por Baltazar Hinojosa que obtuvo 486 mil 124 votos, los que alcanzaron con su tradicional voto duro.

Eran los “vientos del cambio”, que soplaban y soplaron fuerte. Cero corrupción, cero impunidad, cero narcos, cero violencia, cero injusticias. Más inversiones, más empleos, más crecimiento, fue la narrativa con la que Cabeza de Vaca convenció a los tamaulipecos para que votaran por él, “porque esta tierra ya ha sufrido mucho”, decía entonces en sus pegajosos spots de campaña.

La ilusión por el cambio, prendió a los tamaulipecos que se volcaron por aquel hombre de la señal de los cuernos que en su emotivo discurso de toma de protesta, haciendo una analogía del poema “mi alma tiene prisa” del ensayista y novelista brasileño, Mario de Andrade, afirmó entonces que “El y Tamaulipas tenían prisa…”.

“Tamaulipas tiene prisa…y no podemos desperdiciar más tiempo en cuestiones negativas que no nos lleven a alguna solución para nuestro Estado. No podemos desperdiciar más tiempo pensando con coraje, odio, venganzas o envidias. No hay tiempo para las malas acciones”, así arrancaba su gobierno Cabeza de Vaca, aquel 1 de octubre del 2016.

Hoy, mil 641 días después, el gobernador de los “vientos del cambio” estará ante el Congreso de la Unión, convertido en Jurado de Procedencia, para quitarle el fuero constitucional y ponerlo ante la Fiscalía General de la República, para que enfrente tres presuntos delitos que se le imputan: delincuencia organizada, lavado de dinero y defraudación fiscal.

Hoy, a 515 días de que termine su mandato por el que fue elegido, está a punto de ser sacado del gobierno. Jamás, ni él, ni su familia, ni sus amigos, ni sus colaboradores, ni su partido, el PAN, tampoco los 720 mil 029 tamaulipecos que votaron por él, imaginaron que esto sucedería.

El tema del desafuero, y esta experiencia de tener un gobernador que generó expectativas de cambio, y que hoy está en la desgracia política, obliga a la ciudadanía en estos tiempos electorales, a abrir más los ojos y los oídos para no volver a equivocarse o no volver a tropezar con la misma piedra. Con esto, no es que adelantemos juicios sobre la culpabilidad de García de Cabeza de Vaca; eso lo va a decir el juez que finalmente asuma el caso. El asunto aquí es cómo los electores se equivocan cuando votan con el corazón y con el hígado; eso pasó en el 2016, los votantes salieron a las urnas enojados y molestos contra la corrupción priísta, y hoy están confundidos, desinformados e incrédulos sobre lo que está pasando.

Hoy, resulta por demás interesante, saber y conocer qué piensan los tamaulipecos de este episodio del desafuero y de todo lo que se dice de Cabeza de Vaca, sobre todo porque desde hace 30 años, los últimos gobernadores han tenido un triste final; unos repudiados: Manuel Cavazos Lerma y Egidio Torre; otros encarcelados: Tomás Yarrington y Eugenio Hernández; uno en proceso de ser desaforado y enjuiciado penalmente: Francisco García Cabeza de Vaca; sin contar a uno, que no alcanzó a ser gobernador porque fue asesinado: Rodolfo Torre Cantú.

Suceda lo que suceda este viernes en la Cámara de Diputados, sin duda que es un duro revés para el gobierno de Tamaulipas y para el panismo, pero es más un golpe demoledor al orgullo de los tamaulipecos que no le atinan y no tienen suerte con sus gobiernos. Ya es tiempo que las cosas cambien de a deveras, pero para bien.

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