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La Talacha

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Por Francisco Cuéllar Cardona

La reconciliación de Tamaulipas

Gobernar Tamaulipas, es la tarea más compleja que puede haber, por que es una entidad con culturas, costumbres y problemas muy diferentes que exigen inteligencia, sabiduría y mucho oficio para resolverlos.
El tema de la inseguridad es quizás el más difícil de atender, porque se necesita de la colaboración de los tres niveles de gobierno a través de una estrategia integral, en donde la ayuda de la ciudadanía es fundamental. Desde hace casi tres décadas, el tema ha estado suelto. Los gobiernos han sido omisos, por eso su descomposición es evidente.
Con Manuel Cavazos Lerma, el poder del narco se metió al poder público; con Tomás Yarrington y Eugenio Hernández se dejó hacer, y se dejó pasar. Hoy los poderes fácticos tienen de rehén al Estado y a toda la sociedad, a pesar de que en este sexenio los índices de violencia en caminos y carreteras disminuyeron.
La inversión extranjera se desplomó por causa de la inseguridad, y los capitales que daban empleo y vida económica al Estado, se tuvieron que ir cuando vieron que no había garantías para operar. Los niveles educativos también se vinieron abajo; Tamaulipas ocupa los últimos lugares en investigación y ciencia, según los reportes de la secretaría de Educación y el Conacyt.
En servicios públicos, de acuerdo al INEGI, solo el sur ha mostrado crecimiento y mejoras en urbanismo. El resto de las regiones del Estado, tiene un retraso y rezagos de treinta años.
En el ámbito político, también existe un desfasamiento terrible. Con Manuel Cavazos Lerma se rompieron los equilibrios y contrapesos políticos en el gobierno. El grupo Matamoros mantuvo una hegemonía que se afianzó con Tomás Yarrington; los grupos se polarizaron y se rompió la convivencia entre ellos. La experiencia actual con el grupo Reynosa, obliga a quien sea el próximo titular del gobierno, a ser incluyente y abrir espacios de participación para todos. Si no ocurre eso, difícilmente llegarán los cambios que la gente reclama, más si la bandera que ronda y ondea es la de la Cuarta Transformación.
Tamaulipas necesita reinventarse y renovarse en todos los sentidos. La confederación de ciudades que tiene, requiere de un gobierno que promueva la integración y la reconciliación entre todos. Que los de habitantes de Nuevo Laredo interactúen con los de Madero; que los de Reynosa y Matamoros lo hagan con los de Tampico y Altamira, y que los de Soto la Marina se vinculan con los del altiplano o con la zona cañera del suroeste del Estado.
Los nuevos tiempos también reclaman liderazgos jóvenes en lo político y en el mundo empresarial. Que las ciudadanía despierte y las organizaciones de la sociedad pongan en la agenda publica los problemas y sus posibles soluciones.
Tamaulipas no puede seguir siendo la entidad de la nota roja o la cuna de los escándalos políticos y de corrupción. Tampoco puede ser visto como un botín sexenal por los partidos o los grupos. Quien llegue al gobierno en el 2022, sea del partido que sea, está obligado a provocar un sismo que derribe las viejas estructuras y ponga los cimientos de una entidad moderna que compita con el resto del país.
En el ranking nacional, estamos en los últimos lugares en todo, y esto es culpa de los malos gobiernos que han llegado al poder y que la gente ha tolerado. Es un Estado problema sí, pero hay remedios para curarlos. Todo es cuestión de voluntad y que los buenos oficios de los gobernantes se vean. No está fácil.

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